La publicidad es uno de los grandes motores de la economía porque nuestra sociedad es, en gran medida, una sociedad de bienes de consumo. Las empresas que tienen un producto o un servicio que ofrecer a la sociedad, invierten en publicidad porque necesitan dar a conocer esos productos para que la gente los compre, por lo que no reparan en emplear tremendas inversiones en publicidad que, en definitiva, acaba pagando el consumidor a través del incremento del valor del producto.

Sin embargo, además de informar y activar el consumo, la publicidad va más allá de un mero instrumento del marketing. Consumir no es un acto neutro, sino una actividad social cargada de significado social. Consumir es una forma de forjar la identidad, de tomar postura y de socialización.


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